Enviame tu anécdota y esperá:
Todos tenemos al menos una anécdota que hemos vivido, o conocemos alguna que, a veces, solemos contar en una reunión. Es probable que sean varias y que, a pesar de lo real, puedan parecer una ficción. Nuestra vida está llena de esas historias, y justamente, para que no se pierdan y no solo la sigas contando, sino que la puedas leer o regalar como si fuese un cuento breve, te pido que elijas una buena anécdota y me la mandes al email.
Con tu historia voy a hacer cuatro cosas.
Lo primero será corregirla, escribirla, darle un contexto, editarla y luego, enviártela de regalo. Te vas a sorprender y vas a sorprender a todos a quienes se la leas o envíes. Y, como te dije, te la regalo.
Lo segundo será publicar tu relato en la sección Anécdotas para que la comunidad que nos sigue la pueda leer.
Hay una cuarta cosa, pero será más adelante porque estamos en etapa de experimentación. Pero igual te la voy a contar. Tu anécdota, también, podrá ser seleccionada para formar parte del Podcast “Historias Intimas, de gente común”.
Interesante, la propuesta. ¿No te parece?
La condición para que podamos avanzar es que la anécdota no sea extensa y que sea real. No existe una limitación de temas.
Me la podes mandar por escrito. No te hagas problemas que la corregimos, como te puse más arriba, le damos contexto y la editamos.
Si no te animás a escribirla, me envías un audio claro y lo envías por email. Nos ocupamos del resto.
De todas maneras, animate a escribir, como te salga. No importa. Solo tratá de experimentar lo gratificante que te va a resultar volcar en papel tu historia. Me lo vas a agradecer.
Por último, es importante que mandes tus datos para poder contactarte si hace falta aclarar algún nombre o hecho que no sale bien en el audio o no resulta entendible en el texto manuscrito.
Seguramente, muchos han hecho esto, pero quien ordenó un poco mis ideas fue el escritor estadounidense Paul Auster. En el año 1999 creó, en la Radio Nacional de EEUU, el Proyecto Nacional de Relatos siguiendo una idea de su mujer. La respuesta fue espectacular. Y todo está en el libro “Creía que mi padre era Dios”. Una joyita.
Entonces
¿Querés recibirnos, para pensar en cosas importantes, no urgentes?
Suscribite gratis. Siempre tenemos algo para contar.